Diversión

Posted on octobre 22, 2010

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Le bal masqué au théâtre, Estampe, XIX

En francés “diversion”. En castellano “diversión”.
Entre ellos unos matices y un común.
Los dos califican un objeto o un estado que se desvía.
Lo que divierte es lo que cambia. Puede ser lo apropiado o lo inapropiado, la pertinencia o lo absurdo, pero en cualquier caso provoca una situación diferente a la inicial durante un momento limitado, al final del cual se restablece la situación habitual.
Los fines de semana las personas trabajadoras de las sociedades contemporáneas europeas se divierten. Los viernes y sábados por la noche los jóvenes se divierten. Los espectáculos divierten. Los padres traen los niños al circo para que se diviertan.
Poco importa la manera, la hora, las personas, los lugares: la diversión sale del curso normal de la vida, aunque pueda volverse ella misma rutinaria.

La palabra castellana como parte del significado de la francesa se asocia a la risa, a lo divertido. La diversión tiene una componente de placer que se identifica con el hecho de reírse o de pasarlo bien según su objetivo.
La diversión es el no seguir el camino recto símbolo y portador del aburrimiento. Los nobles parisinos tenían fama de ser “espirituales”. En los círculos nobiliarios, ser aburrido es un crimen social, divertir es prueba de ingeniosidad. El tono debe ser ligero, rápido, y salvar a tiempo esta sociedad vacía del ocio. Nada importa lo que se dice, si la “tournure” es espiritual, es decir si divierte.

La diversión es también lo que permite desviar la atención de alguien hacia otra cosa precisamente cuando esta persona es susceptible de darse cuenta de lo que no se quiere que se diera cuenta. Puede igualmente llevarse a largo plazo y ser una estrategia de ocultación. Ladrones como Arsène Lupin son los reyes de la diversión. En toda historia de banda organizada, están los encargados de “hacer diversión” en el caso que la policía surgiera. Motivo más literario y cinematográfico que real, la diversión es el arte pertinente del desvío que practican los ingeniosos, enredadores, personas representadas en general como simpáticas aunque al límite del delito.

¿Qué sería entonces saber hacer diversión? Saber estar donde uno está. Reconocer lo recto y su desvío. Saber estar cuando hay que estar: es el arte del pertinente o del poderoso. Me acuerdo entonces de la bonita figura de Barthes “Pregunta” que da en su curso sobre “lo neutro”: en esta figura, expone el posicionamiento neutral de la conversación: la inadecuación, el silencio, la incomprensión. Al estado neutral barthiano, estado de perfección sin deseo, acceden los torpes y tímidos vencidos y creadores. De hecho, bien podría ser el lenguaje barthiano el lugar donde construye y desvela la perfección del Barthes socialmente incómodo. Pero Barthes, profesor y escuchado, usa a su vez de la diversión como de una figura lingüística, asimilada por el sujeto enunciador todo poderoso. En el curso tranquilo de su clase, o de la lógica clásica del intercambio académico, Barthes inventa una serie de dispositivos que desplazan el objeto de la atención y del interés en uno que le permitirá seguir intacto. El Barthes socialmente poderoso usa el desvío, cuando el Barthes desconocido y torpe apela a la sinceridad y transparencia del estado de inmanencia.

Extrañamente, la diversión tiene una dimensión de generosidad que la transparencia al contrario niega. La transparencia, calidad visual, tiene como pendiente la sinceridad, valor moral. Valoradas uniformemente como muy positivas, llevan sin embargo el peso de la imposible identificación al otro. Ser sí mismo y no poder ser nada otro, decirlo todo, enseñarlo todo, son maneras de imponerse absolutamente sin ninguna modulación que el reconocimiento del otro podría conllevar, por lo bien como por lo mal. La generosidad de la identificación que, a su turno, bien podría ser positiva como negativa se encuentra en el arte de la diversión, el arte del desvío que salva y permite mantener la oscuridad necesaria a la convivencia.

La diversión, simpática figura del empirismo, acompaña el poder del bien estar y del querer. Motivo de ira o de embarazo para los torpes y los tímidos, la diversión o arte del desvío es finalmente una fuerza de reproducción y de vigilancia social.

Carnaval de Nice, photographie Baylone frères, 1912.

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