Epoca mística III – Ver y entender

Posted on novembre 10, 2010

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Situación en el mundo: la imagen es territorio

Es curioso: vemos para entender y el entender es un situarse.

El otro día hicimos una prueba conocida: la visualización de la distancia plasmada desde la sensación de distancia entre dos puntos inervados es variable según la cantidad de nervios que está en la parte del cuerpo en cuestión: la sensación de la distancia varía entonces según el lugar del experimento.

Descubrimos que veíamos la distancia para evaluar su tamaño.

Necesidad de distancia: desviar para aprender

Los procesos de aprendizaje tienen el ritmo de la integración, más o menos rápido según las personas y el tipo de competencias que moviliza un determinado conocimiento. El tiempo en este caso es distancia. Tiempo de alejarse y de dar la vuelta: embrazar de una mirada el paisaje entero. Como el episodio mítico lo recuerda, puede paralizar porque enseña. La mirada distanciada lejos de provocar indiferencia procura el conocimiento que suspende la continuación a la razón o a la moral. Esa mirada es el puente al pasado y a la memoria. Cerrando los ojos, ciegos, deseando no ver, preferimos no entrar en la posibilidad del entender.

Distancia + situación = visualización

El salto a lo “meta-”, a la planta superior se siente como una necesidad en medio del amontonamiento de datos dispersos. La representación visual, geográfica (mapa), es herramienta de situación. La visualidad de los datos representados desvela movimientos generales, que sin duda y sin oposición, pueden ser distorsionados, y desde luego son subjetivos.

Delirio: paranoia (enfermedad del ser y del parecer) y megalomanía (enfermedad del humano y del divino)

La representación no puede ser objetiva, transparente, verdadera.

Herramientas de visualización dinámicas – como spicynodes – que permiten establecer relaciones y dibujar el territorio del yo, múltiple e inestable, se vuelven intermedios de ordenación y de visión de uno mismo. El meta-espejo está siempre manipulado por el “yo”, fuente de la autoría y de la gobernanza.

La representación es una gramática ideológica

La representación de lo escrito permite traducir una complejidad subjetiva, donde la propia forma representativa es una tecnología visual a su vez subjetiva. La decisión de la representatividad depende del tipo de relaciones al mundo inventadas. En la mayoría de los casos contestan a relaciones de significado (fundadas sobre el uso de palabras mediante etiquetas), denotan presencias físicas (datos de geolocalización), comportamientos (bases de datos), representan desarrollos reflexivos o demostrativos (mapas mentales y matemáticas), pero bien se podrían usar para crear relaciones insospechadas, rupturas de sentido, desorden…

La dimensión de control que supone la ambición y el deseo desmedidos de entender y verlo todo, y, como lo notaban Antoinette Rouvroy y Thomas Berns en su artículo Le nouveau pouvoir statistique, de afirmar la existencia de una verdad de los datos (la verdad parece considerarse en el caso de los datos como objetiva), puede ser desviada y resistida a través de la creación de relaciones divergentes, de visualizaciones inesperadas que vienen perturbar la representación controladora y estabilizadora de la creencia en los datos. Extrañamente, no basta la gobernanza para asegurar la libertad. La gramática representativa (las estructuras de construcción de los elementos visuales) debe servir de tecnología de libertad.

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