reflexiones sobre el nombrarse

Posted on juillet 29, 2011

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no title by Rookuzz (away)

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¿A partir de cuando alguien puede permitirse dejar de nombrarse?
¿Cuándo se puede dejar de contestar al « quién eres »? ¿ »Qué haces »? ¿ »Qué eres »? a esta progresión social dañina que substituye sin delicadeza la constitución de una identidad (conocimientos, CV, …)

Pienso entonces en las respuestas frecuentes de j. oliver a la pregunta frecuente que se le hace : ¿qué eres? ¿eres un artista? contesta a veces mencionando una figura híbrida y original – the critical engineer – que corresponde efectivamente a parte de su realidad y es un esfuerzo para nombrar lo nuevo; contesta otras veces renunciando a cualquier nombramiento. Lo deja en manos de otros.
Me pregunto a partir de cuando uno puede dejar su nombramiento en manos de otros.

La tecnología de la producción social afecta el nombramiento, afecta la identidad de quién está afectado por el desfase entre el modelo de producción dominante y el modelo por venir – en el caso de una adecuación – o de ningún modelo – en el caso de que esta coincidencia no ocurriese -. Existen igualmente sitios en este modelo donde se reconfigura: en estas grietas está el sitio para la indefinición ya que todavía no ha llegado el nuevo nombramiento. En futuros tiempos nos tendremos que preguntar: ¿cómo mantener la indefinición?

Con motivo de unas entrevistas a creadores vinculados al arte digital, pedimos a algunos que nos contaran las figuras que les representaban. Se siente y se ve el desplazamiento de los mitos y el paso de la figura del artista a la del hacker. Todos los creadores de hoy que conocimos han pasado y pasan sin cesar de un lado al otro y proponen figuras movedizas, de-establecidas, aunque, de esta manera, propongan definiciones.

Es importante perdurar en el no-nombramiento. Manifestar su ignorancia sobre si mismo, no por pereza, sino como manifestación de incertidumbre, manifestación de lo querido, manifestación de lo que vendrá.

La definición de sí mismo, – tengo la sensación de que hubo un periodo donde el contarse en un tono psicoanalítico era una forma popular de definirse, que, aunque cogía sus atributos al estilo narrativo y a un discurso experto simplificado, dejaba una libertad más grande al narrador – hoy en día parece residir enteramente en las competencias – skills – y en la actividad del trabajo. Nombrando el trabajo, se nombra la persona. Pero, al revés de la tendencia actual, el no-nombrarse es una libertad y una modestia. En el silencio está la banalidad del trabajo, la afirmación sabia de la ignorancia (el sé que no sé nada), la perturbación de los referentes de la definición y la manifestación de la vida entera como espacio de experiencia y de diversidad.

El no-nombrar es la posibilidad de un larguísimo nombrar dónde el detalle de cada acción, el intersticio de cada experiencia, el desvío de cada pensamiento, el temblor de cada objeto constituyen también los elementos de la identidad innombrable.

¿Qué haces? ¿Quién eres? Puedo dejar de creer y de contestar a esas preguntas.

Leí un artículo en Multitudes dónde el autor creía detectar una carencia de conceptualización en las prácticas políticas de una serie de artistas cuya influencia en la construcción del común era grande y de larga andadura ya. Esos artistas tienen más bien la madurez de la práctica que se conoce, la práctica que sabe que se basta y se ahorra el desconocimiento del discurso como su arrogancia, su visibilidad, su tendencia a la degradación. En su lugar se tiene que emplear una palabra incierta que enseña su fragilidad o no hablar.

Conozco un sitio – o así me gustaría conocerlo – donde personas que desconocen hasta su nombre se hablan horas seguidas y juntas producen ideas, objetos, proyectos.

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